viernes, 8 de octubre de 2010

De logros y finales


Elevó sus talones y aún así no pudo alcanzarla. Pensé ayudarl@ pero desistí. Los suicidas siempre logran alcanzar la cuerda.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Solo quedó esto


«... salió, y con los ojos aún cerrados buscó que el sol calentara su cara. Escuchó sus ruidos y los miró con desprecio. Extendió sus alas ya secas y voló lejos de ahí.»

Así terminaba algo que escribí hace mucho tiempo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

A su vida de tres cuartillas se le suma un Blog


Hace ya algún tiempo maté un gato, harán quizás unos diez años de eso. Fue en una de las primeras historias que escribí del Señor Zeta, esta ocurría en su exilio en el amanecer de un año nuevo. Como siempre, escribía sin saber dónde iba a terminar todo y qué o quién aparecería con el siguiente trazo del lápiz. Siempre me ha gustado escribir con lápices, ese extremo rojo y gomoso es lo opuesto a la tecla Enter que es su punta.

Volviendo al felino en cuestión, éste (su recuerdo de gato muerto que yace entre las hojas y líneas de un cuaderno verde que extravié) apareció mientras trataba de conciliar el sueño hace unas pocas noches. Saben, esa hora donde la inmediatez del Twitter cesa, dejando frente a nosotros timelines estáticos, sacudidos cada tanto por esos que asoman sus cabezas de tuits insomnes. (No sé que me hizo recordarlo y preguntarme por el cuaderno donde vivió su vida de tres cuartillas). El Señor Zeta lo encontró al fumarse su primer porro de ese año nuevo que no ha llegado, mientras comía el único ratón que conoció su estómago de grafito.

Se me hace imposible no recordar el tigre que decía Borges cruzaba la visión de sus escritos, y que al final de sus días, cruzaba solo su memoria y la voz de María Kodama. Así (Pero en sentido inverso y sin la Kodama) se nos apareció este gato a mí y al Señor Zeta. Primero lo escuchamos detrás de unos arbustos, y unas cuantas líneas después vimos su blanca facha. Sí, recuerdo que era blanco, muy blanco, y que relamía sus bigotes de asesino satisfecho.

Recuerdo mi cuaderno verde, recuerdo la primera mañana de ese año que no ha llegado, recuerdo el cadáver del gato rodeado de niños y de hormigas, mientras el Señor Zeta pasaba a su lado pensando que quizá vio la última comida de un gato blanco que ya no lo era tanto (Ni gato, ni blanco). Recuerdo todo eso además de tantas cosas que no le interesan a nadie. Hace unas pocas noches recordé que ahí, entre apuntes y problemas que en algún momento me importaron, está el cadáver no tan blanco de ese gato hecho de letras.

Solo me queda escribir lo que he escuchado tantas veces: «Nadie es dueño de un gato» (Así guardes su cuerpo muerto entre las hojas de un viejo cuaderno de Termodinámica y lo evoques tiempo después en un Blog que nadie lee).

P.D: Aún no recuerdo donde dejé mi cuaderno verde.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Extraña cosa eso de recordar


Recuerdo cuando comencé a escribir en este blog, bueno, en realidad leo mi primera entrada y eso hace que 'recuerde' cosas (extraña cosa eso de recordar). Decía Borges que «el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación». Un blog vendría a ser (y que me disculpe von Clausewitz por esta suerte de digresión a su famosa cita) la continuación del libro de nuestras vidas por otros medios.

Al final no somos más que información, nuestro cuerpo no es más que una forma de organización (autoconsciente) de la materia para contener nuestro 'software'. Para los otros, la mayor parte del tiempo solo somos recuerdos. Nuestro ADN es información codificada y el Genoma Humano nuestra piedra Rosetta. Mientras escribo esto, millones de partículas abandonan 'mi cuerpo' para continuar el largo viaje que emprendieron desde la explosión primigenia.

Nuestra existencia es poco más que un instante de la totalidad del espacio-tiempo.

Cuando comencé a escribir en este blog, era(mos) 'otro(s)', mi(nuestra) composición químico-física era distinta, mi vida no tenía esta extensión llamada De memes, proles y THC y sus ventitantas entradas, era unos cientos de tuits y unas decenas de libros más joven, mi hijo conocía menos palabras, y todos estábamos menos cerca del final. Hoy no puedo decir cuánta gente ha visto esta extensión de mi ser, sé que han sido pocas y agradezco a los pocos que han comentado.

Al terminar de leer esto puedes darle arriba a la opción de Siguiente blog y aparecerá la extensión de la vida de otro. Verás más información, y puede que eso sea lo único que quede por estos lados del autor (cosa que no me extrañaría, total, la mayoría de los libros que he leído, los escribió gente cuyo 'hardware' desapareció hace mucho tiempo).

P.D: Sería interesante saber si en alguna oportunidad, este Blog fue la opción presentada por la aleatoriedad después de un click.

P.D2: Eso nunca lo sabré.

sábado, 28 de agosto de 2010

Tienes una solicitud


 Sabes, siempre he querido escribir sobre un tipo de mundo en particular. Desde hace años he tratado de imaginar el mundo si a cada uno de nosotros se nos permitiese ordenar la muerte de alguien sin ningún tipo de consecuencia legal.

 ¿Cómo así? Que si se te viene en gana, ordenas que maten a fulano y ya. ¿O es qué tendrías que matarlo tú?

 Coño, por eso llevo años pensando la vaina. A veces imagino una cosa tipo red social donde ubicas a la gente y le das un unfollow eterno. Otras veces imagino que sea una vaina medio mágica. Estás en tu casa, crees que es el momento idóneo y ¡Zas! el tipo cae fulminado.

 Me suena más coherente lo de la red social. La opción mágica daría cabida a otras cosas, y al final vas a terminar con una suerte de Harry Potter nefasto y tanatológico.

 La cuestión giraría en torno a que cada persona en el mundo está autorizada a desear la muerte de solo una sola persona. De como la vida de cada uno de nosotros estaría a merced de los deseos de los otros. Una lotería, con un premio que nadie desea.

 Te confieso que la idea da para pensárselo. En este mismo instante se me ocurren varios que se pudiesen sacar mi premio gordo. Claro, lo pienso mejor y no sé si este sería el momento de usarlo. De vivir en mundo así las cosas serían muy distintas.

 Sí. Capaz ninguno de los dos estuviese acá. Hace rato nos hubiésemos sacado nuestro premio y chao con nosotros.

 Ajá. ¿Y la gente sabría si lo escogieron? ¿Les llegaría un aviso con el plazo que le queda por estos lados?

 Ya veo que sigues imaginando la cuestión como una red social. ¿Te imaginas?. «Tienes una solicitud de muerte». También está la cosa que uno sepa quien le deseo la muerte. Creo que sería mejor que la gente no se entere. Aunque capaz y salgan aplicaciones pajúas como Ve quién buscó tu perfil y te quiere eliminar de este mundo.

 Coño, qué daño le ha hecho a este mundo eso de las redes sociales y la vida 2.0. El humor como que se uniformó. Todos usamos las mismas referencias. Se muere alguien medio famoso y un viaje de gente escribe el mismo tweet 'chistoso'... Joder, que me salió hasta en verso.

 Creo que habría una edad legal para usar ese 'derecho'. Tampoco podrías matar a alguien por debajo de esa edad. Creo que esas serían las únicas limitaciones. Bueno, tampoco se podrían matar embarazadas.

 Bueno, ya está. Encontraste algo en lo que podemos ocuparnos durante el tiempo que nos queda por acá.

 No creo que sea para tanto. Quizá la vaina no pase de esta conversa. A lo mucho una entrada en un blog.

 Bueno, ya veremos. Tenemos todo el tiempo desde ahora hasta que se cumpla nuestra sentencia. Un libro escrito por dos sentenciados a muerte puede que tenga algún tipo de acogida.

 Tiempo de volver a nuestras celdas. ¿Me prestas un lápiz?

sábado, 21 de agosto de 2010

Nos regamos por ahí


Entonces uno se va regando por ahí dejando pedazos en servidores que ni puta idea de dónde diablos están. De alguna forma todo esto me recuerda el método reproductivo de las tenias.

lunes, 26 de julio de 2010

Número equivocado


—Apenas regresaste y ya todo se volvió una mierda. Eres una especie de catalizador entrópico.

—Sabes que tener criterio propio es mi 'karma', el que eso resulte contagioso, tu problema.

—¡Coño! ¿Es qué no te cansa querer ser 'incansable'? ¿Qué has logrado después de todos estos años de andar contracorriente?

—¡VIVIR!... Así, en mayúsculas. He tenido una vida. Nunca me resigné a ser uno más. Nunca quise vivir sin alarmas y sin sorpresas.

—Nuestros cementerios y cárceles están llenos de gente como tú. Tendrías que ver como terminan rogando por una bala que acabe con su sufrimiento.

—Y dime, ¿le has hecho ese favor a alguien? ¿Ha sido tu mano la que en algún momento apretó el gatillo?

—Eso es irrelevante. Somos un organismo mucho más complejo que cualquier cosa que hayas conocido. Solo soy una célula más. Lo único que me diferencia del resto es que te conozco por tu verdadero nombre.

—Siempre he querido saber por qué escogiste llamarme así.

—Ya no lo recuerdo, son tantas las cosas que me he visto en la obligación de olvidar. Ya conoces la frase de Borges.

—«Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón que conozco». Ya veo que no albergas ninguno de los dos sentimientos para con el ilustre cegato argentino... Por cierto, ¿Cómo te va en la Comisión de Censura?

—Eso no te interesa... no, no sigo ahí, ya es muy poco lo que queda por censurar. Hicimos un muy buen trabajo.

—Los felicito. Me toca entonces seguir escribiendo. Tengo dos libros que estaba pronto a colgar en la red, esperaba que los leyeras antes de bloquearlos y agregarlos a esa honrosa lista. Ya veo que hice bien en preguntarte... Te hubiesen gustado.

—Lo dudo... Te confieso que tu talento nos hubiese sido útil más allá de servirnos como combustible para nuestra máquina de censura. Has sido la anomalía mas difícil de eliminar... hasta hoy. Me gustó escuchar tus últimas palabras, hijo. Ahora, cierra los ojos y cuelga. Ya todos están en posición esperando únicamente que cuelgues ese teléfono. Les pedí que te dispararan varias veces; en la cabeza. Ambos sabemos que de ahí es que vienen todos los problemas.

FIN