lunes, 26 de julio de 2010

Número equivocado


—Apenas regresaste y ya todo se volvió una mierda. Eres una especie de catalizador entrópico.

—Sabes que tener criterio propio es mi 'karma', el que eso resulte contagioso, tu problema.

—¡Coño! ¿Es qué no te cansa querer ser 'incansable'? ¿Qué has logrado después de todos estos años de andar contracorriente?

—¡VIVIR!... Así, en mayúsculas. He tenido una vida. Nunca me resigné a ser uno más. Nunca quise vivir sin alarmas y sin sorpresas.

—Nuestros cementerios y cárceles están llenos de gente como tú. Tendrías que ver como terminan rogando por una bala que acabe con su sufrimiento.

—Y dime, ¿Le has hecho ese favor a alguien? ¿Ha sido tu mano la que en algún momento apretó el gatillo?

—Eso es irrelevante. Somos un organismo mucho más complejo que cualquier cosa que hayas conocido. Solo soy una célula más. Lo único que me diferencia del resto es que te conozco por tu verdadero nombre.

—Siempre he querido saber por qué escogiste llamarme así.

—Ya no lo recuerdo, son tantas las cosas que me he visto en la obligación de olvidar. Ya conoces la frase de Borges.

—«Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón que conozco». Ya veo que no albergas ninguno de los dos sentimientos para con el ilustre cegato argentino... Por cierto, ¿Cómo te va en la Comisión de Censura?

—Eso no te interesa... no, no sigo ahí, ya es muy poco lo que queda por censurar. Hicimos un muy buen trabajo.

—Los felicito. Me toca entonces seguir escribiendo. Tengo dos libros que estaba pronto a colgar en la red, esperaba que los leyeras antes de bloquearlos y agregarlos a esa honrosa lista. Ya veo que hice bien en preguntarte... Te hubiesen gustado.

—Lo dudo... Te confieso que tu talento nos hubiese sido útil más allá de servirnos como combustible para nuestra máquina de censura. Has sido la anomalía mas difícil de eliminar... hasta hoy. Me gustó escuchar tus últimas palabras hijo. Ahora, cierra los ojos y cuelga. Ya todos están en posición esperando únicamente que cuelgues ese teléfono. Les pedí que te dispararan varias veces; en la cabeza. Tú y yo sabemos que de ahí es que vienen todos los problemas.

FIN