domingo, 21 de abril de 2013

Phantera leo



La tarde es un poco más fresca que las de días anteriores. El Señor Zeta fija la mirada en cierta irregularidad en el techo de su cuarto mientras imagina comienzos de novelas que nunca escribirá. Siempre es así antes de dormir. Hoy todos los comienzos mueren luego de dos líneas. Nacen con los ojos cerrados, sin llanto.

Llegó sin ruido, con los ojos abiertos. La certeza que lo acompañará hasta más allá de su muerte. Se sabe observado, abarcado por algo superior, algo que lo explica y lo contiene. Por un momento cree descubrir algo que raya en el idealismo, es un punto, ínfimo en una infinita sucesión de planos que no termina nunca, que lo atraviesan, mera tangencia.

El Todo, El Absoluto. Sistema-totalidad-espacio-tiempo.

La tarde es más fresca que la de días anteriores y dentro de dos líneas ya estará dormido. Soñará que despierta de un sueño y que su casa está rodeada de leones. Ella junto a él, preñada del último de sus hijos, siempre de espaldas a la puerta. El Señor Zeta, simple punto, mera tangencia, cierra los ojos.

Comienzan los leones a rodear su sueño.