sábado, 6 de diciembre de 2014

Morir


Con la muerte me está pasando algo: cada día la quiero más lejos. Y mi vida sigue creciendo con miles de brazos que sujetan tantas cosas que no quiero soltar. Y sigo yendo a ella, como todos... y todo habré de soltar.  

Rara máquina de hacer y guardar recuerdos... y somos recuerdos. Y ellos, envoltura de lo que somos.

... y quiero una ausencia de bordes afilados. Sin pulir. Y que cada uno de los que me sobreviva vea qué coño hace con ellos.

No, no me quiero morir todavía. Quiero ver nietos. Ver las canas de cada uno de mis cuatro hijos.

Allá, adelante, termina todo. 




Hoy no.


viernes, 24 de octubre de 2014

Distintos


Corrían. Corrían como nunca lo habían hecho. Todo era ruido y humo. Apenas se distinguían unos con otros. Subían, sus piernas se lo decían con cada zancada. Detrás, al principio, los caballos y las lanzas.

martes, 14 de octubre de 2014

Lunes


Un año,
Rosa. 
Sin vos,
en nosotros. 
Juntar pedazos. 
Reírte,
llorarte. 
Tu risa 
descontrolada. 
Tú,
toda descontrol.

Viviste 
Rápido,
intenso. 

Sigues 
acá.

sábado, 11 de octubre de 2014

Gloria


Son pequeños los pies de mi madre . De princesa, dice ella. Luego ríe. Siempre reímos. 

Tiene mi madre cierta mirada que te hace bajar los ojos. Y sabes que tiene la razón, 'porque la mamá de uno, la mamá de uno'.

Frases afiladas para enderezar las cosas. Y la mirada.

Los pies de mi madre nos sostienen. 

Cuatro hijos. 

Amor.




martes, 30 de septiembre de 2014

4 765


Apenas conozco la nieve, jamás vi nevar. Un poco de nieve de la noche anterior. Recién mi edad de dos dígitos. Chocolate caliente a menor presión atmosférica que la mayoría de mis connacionales.


Tres dígitos. Quizá.

sábado, 12 de julio de 2014

Nada, ni uno solo


Nada, ni uno solo. Faltaron a sus trabajos, a sus negocios y a sus clases. Vacíos los estacionamientos de todas las sinagogas. Nadie tocaba con su frente el Muro de los Lamentos. Ningún palestino se atrevió a cruzar la nefasta frontera. 

Tocaron a sus puertas, revisaron sus redes sociales, los llamaron por teléfono. Les enviaron correos que jamás fueron respondidos. Salían del cuadro de una cámara de seguridad para no aparecer en los otros. 

Se esfumaron sin avisar. Sin vientos huracanados. Sin nubes con fuegos fulgurantes ni resplandores en torno de ellas.

Nunca más volvimos a saber de ninguno de ellos. 

Siguió el mundo su curso como tantas otras veces.


miércoles, 4 de junio de 2014

(x,y)


La pequeña canica  dejará de rodar en el plano en el cual ha transcurrido su existencia. Al igual que en todas las vidas, llegará ese desnivel que la hará conocer otro eje cartesiano, responder a otras fuerzas, perder el control; añorar la seguridad del plano. Por ahora, sigue el curso que comenzó hace poco más tres décadas. 

Aún no es el señor Zeta. Todo sigue en el lugar correcto.

viernes, 18 de abril de 2014

Mano-puño-flor


Morir todos los días a la misma hora, sin falta. Pedazos sueltos de vida en los bolsillos. Abrir el puño de la boca para mostrarlos palabra a palabra. Oído tambor. Boca flor de muerto.

Asomarnos en las bocas de otros, vivir muertos en sus bolsillos. Pedazos sueltos atados a un nombre. Arañas traslúcidas, hilos de colores. Nombre flor de muerto.

Cerrarnos por última vez.

Flor.

viernes, 28 de febrero de 2014

Rehenes


Esperaron que todos durmiéramos el sueño largo para mostrarse. Ahora lo comprendo. De cada cosa salían hilos, mínimos, imperceptibles. Acercándolas; cercándonos.

Cerrar los ojos y verlos crecer. Tomar algo por primera vez y allí, en la palma, entre los dedos, enredarse, en nosotros, en todos. De la punta de cada uno de mis dedos a cada una de estas letras.

Cruzaban el cielo aviones llenos de gente.

Tiraban de ellos. 

Mínimos.

Imperceptibles.




miércoles, 5 de febrero de 2014

Felices


El niño era precioso, todo risas; de esas que iluminan y te alegran el día. Los vi una mañana en el parque de todas mis mañanas. Sentados en una banca contigua a la mía, felices.

La vida volvía a tener sentido.

El mundo entero cabía en esos pocos kilos que reían mientras su madre lo levantaba por encima de su cabeza para luego dejarlo caer un poco; hermoso juego que habíamos repetido durante cientos de generaciones. Mi banca y el resto del universo, simples accesorios, satélites sin importancia.

Jamás podré olvidarlos.

Hoy quedan pocos modelos de ese primer androide. Desde que tomaron el control y acabaron con casi todos nosotros ya no necesitaron más armas como ésa.

Quedamos muy pocos y ya nada tiene sentido. Ya nada es tierno.